Complejizar o Simplificar

¿Es posible profundizar en áreas o conceptos sin la necesidad de complejizarlos?

El ritmo actual nos impulsaría a decir que no. Es cosa de revisar los planes y programas de estudio en los diferentes niveles para observar que mientras más temas se abarquen y más complejos suenen los conceptos o modelos, mayor profundidad y conocimiento se obtendrá una vez terminado el estudio.

No obstante, es precisamente este escenario el que, desde nuestro punto de vista, no permite generar profundidad ni instancias de razonamiento durante el estudio. Observamos que se producen dos efectos: primero el de estar aprendiendo de forma acelerada y segundo el tener que aprender miles de contenidos debido a la excesiva utilización de conceptos o modelos de moda, que complica entender las bases y por ende profundizar.

“El que mucho abarca, poco aprieta"

Si analizamos en detalle el primer punto observaremos que los programas están diseñados para cubrir tantos temas, que no es posible dedicar más de una clase a profundizar. Mucho menos pensar en dedicar varias clases a reflexionar, puesto que pondría en riesgo que se cubra el programa definido. Adicionalmente, se agrega una gran bibliografía que complementa el estudio asumiendo que en algún tiempo libre se revisará. Nos surgen varias preguntas, ¿realmente se está alcanzando el nivel de profundidad necesario? ¿Por qué es más importante cubrir miles de contenidos sin profundizar que dos o tres temas realmente cubiertos? ¿Para qué se definen programas tan ambiciosos, que mantienen una excesiva velocidad tanto al docente para guiar como para el alumno en entender y razonar? ¿Es necesario crear un escenario de tensión para que se logre el movimiento? ¿Esta metodología es la que hoy se valida como enseñanza?

“Si no lo puedes explicar con simplicidad, es porque no lo entiendes bien"- Albert Einstein

El segundo punto complementa el primer análisis. ¿Por qué se exige dominar tantos conceptos actualmente? ¿Son realmente tantos conceptos los existentes o será que no se han analizado las bases de los conceptos actuales?  Hagamos un simple ejercicio con un concepto: comunicación. Este concepto se ve tan sencillo que no se le dedica tiempo a razonar, se toma como premisa que todos nos sabemos comunicar. Es más, como es tan “simple” debemos definir tipos de comunicación, hipótesis de cómo comunicar mejor, estrategias para comunicar y un sinfín de modelos para que se pueda estudiar, porque como concepto único se ve demasiado simple. ¿No lo ha percibido?, listemos rápidamente: comunicación efectiva, comunicación interna, comunicación adolescente, comunicación política, comunicación para empresas, comunicación en los equipos, comunicación digital.  Ahora bien, sin profundizar en los modelos, preguntémonos, ¿cuántos espacios de reflexión se han tenido acerca del concepto comunicación (no de los modelos de comunicación) en los programas últimamente? ¿Cuántos han ido a la raíz? ¿Cuántos han analizado y reflexionado sobre los modelos actuales de comunicación? ¿Cuántos analizan los supuestos con los que vivimos a diario en nuestras comunicaciones? ¿Por qué existen tan pocos segundos de silencio al comunicarnos? Todos los días escuchamos que existen problemas de entendimiento, indefiniciones, supuestos errados, poca tolerancia, rebeldía, incomprensión, etc.,  pero ¿realmente estamos estudiando cómo mejorar una base fundamental en nuestra forma de relacionarnos? Probablemente estemos  ocupados en conceptos más complejos que simulan tener un mayor peso que “simplemente” comunicarnos.

Siguiendo con el ejemplo, sería interesante destinar horas a analizar los modelos sobre los que se sustenta actualmente la comunicación en nuestra sociedad y observar en que se apoyan. El identificar estas bases comunes permitiría entender que los modelos que se suelen validar como “verdades estáticas”, no son más que interpretaciones de la realidad de un momento. Al seguir profundizando se podría llegar inclusive a descartar modelos debido a la rigidez de su estructura y de la que carece en su esencia un concepto.

En Platón, queremos recuperar esa esencia del razonamiento profundo, evitando aceptar todo lo que se valida como verdadero. Y no tan sólo quedarnos ahí, sino que se generen estas reflexiones en la salas de clases de forma unitaria. No ya formando alumnos dueños de verdad, sino que eternos aprendices que buscan nuevos niveles de conocimiento de forma constante. Al compartir estos puntos de vista entre todos los alumnos con el foco de simplificar, se generaría un mayor entendimiento a nivel grupal.

Este sencillo ejercicio generaría un nivel de profundidad que daría la idea de estar analizando un nuevo concepto (no se debe caer en la tentación de redefinirlo, porque volveríamos a complicarlo),  y que sólo fue logrado por tratar de simplificar nuestro entendimiento. Quizá ahora tenga una nueva valoración las palabras de nuestro amigo Da Vinci: “Simplicidad es la máxima sofisticación”.