Dueños de verdad

¿Recuerda alguna etapa de su vida en la que se haya cuestionado todo?

Probablemente haya sido en su niñez, en la que cada respuesta abría una nueva interrogante debido a que faltaban muchas bases para poder razonar correctamente. Durante este tiempo no existían las preguntas tontas, porque como nada se sabía, no se tenía miedo al ridículo. De hecho, no se sabía que era hacer el ridículo. Era la etapa de la inocencia, del deseo profundo de conocer el “cómo” y el “por qué”.

Posterior a esta etapa, es posible que se haya visto envuelto en varias ocasiones en un deseo similar de conocer en alguna materia o área que lo haya enamorado. Barriendo  con cuanto texto le hacía referencia a su tema de interés, experimentando sus hipótesis en diferentes escenarios dentro de la realidad de aquel momento y logrando un cierto nivel de entendimiento.

Sin embargo, en este mismo proceso se genera un efecto inverso en nuestro deseo de conocer. El aumento progresivo de nuestro entendimiento del “conocimiento” nos hace sentir que tenemos “verdad” y que si observamos cuanto sabe nuestro entorno del tema de interés, nos refuerza el sentimiento de estar más avanzados. Si seguimos proyectando la línea de tiempo, cada vez nos sentimos más cómodos. Profundizamos en conceptos, en tecnologías y si lo acompañamos de metodologías del momento hace que nos sintamos con más derecho a ser referentes en el tema e inclusive a autoproclamarnos “expertos”.

¿Qué ocurrió con el espacio del razonamiento profundo? ¿Dónde quedaron las constantes preguntas? ¿Dónde quedaron las ganas de saber? Desde nuestro punto de vista se genera por sentirnos dueños de la verdad. ¿Qué pasa con aquel que se cree dueño de la verdad? Fácil, deja de buscar la verdad, deja de hacer preguntas, deja de razonar y deja de tener espacios de reflexión individual y colectiva.

¿Es posible no sentirse nunca dueño de la verdad?, sentimos que sí, pero se requiere un pequeño esfuerzo diario. Un esfuerzo diario en razonar nuestro comportamiento, nuestra forma de pensar, analizar que creencias ya no nos aportan, más bien nos entorpecen y analizar conceptos que hemos adquirido y que el hecho de razonarlos, harían temblar nuestras “verdades” que tanto nos han costado obtener.

No es sencillo, pero analicémoslo con un ejemplo. ¿Ha salido con paraguas un día en el que anunciaron lluvia y en el que finalmente no llovió? ¿Qué nos sucede con el paraguas? Probablemente nos incomode, no veamos un uso en particular, pero asumimos que fuimos nosotros los que tomamos una premisa errada y por ende lo llevamos con nosotros. ¿Qué pasaría si al día siguiente vuelve a suceder lo mismo? ¿Y si sucede durante toda esa semana? Lo más común es que al tercer día ya no le crea al pronóstico y deje el paraguas. ¿Se imagina llevando un paraguas por todo un año sin que llueva? Esto para nosotros es un concepto (paraguas) obsoleto. Molesta, pero no lo queremos dejar. Tomamos una premisa errada, pero no lo reconocemos esperando a que llueva en algún momento. Si llueve, nos justificamos que estábamos en lo correcto, pero no consideramos los días sin lluvia  en que el paraguas no nos deja total libertad de acción y nos priva de llevar algo más.

Los conceptos obsoletos inclusive con el paso del tiempo los podemos convertir en parte de nosotros, confundiendo el apoyo como algo nuestro, llegando a enfrentarnos a otros en los que estos conceptos no existen o difieren de nuestra “verdad”.

¿Cuál es la motivación de hacerlo? ¿Interfiere nuestro egocentrismo, arrogancia o algún otro defecto que nos aleja de avanzar?

Un sencillo análisis interno diario, nos abriría la puerta a nuevas verdades y durante el ejercicio de poner en jaque nuestras propias creencias o conceptos entenderíamos más los puntos de vista de nuestro entorno. Si expandimos este ejercicio y lo realizamos en conjunto con la misma actitud, ¿Cuántos puntos de vista o nuevas verdades estarían acercándonos? Es interesante como se revalorarían los espacios de conversación, ya no sólo sobre conversaciones banales, sino con el objetivo de volver a una actitud de aprendiz.