¿Competencia o Virtud?

¿Es posible redefinir el enfoque de una sociedad en la que actualmente gran parte de ella se mueve bajo el alero de la competencia?

¿Cuántas veces en el último año escuchó hablar de virtud? ¿No lo recuerda? ¿Y hace 5 años atrás? ¿Difícil pregunta?
Cambiemos la palabra,…¿cuántas veces en el último año escuchó hablar de competencia? asumiremos que muchas más.

Es lógico llegar a este razonamiento si gran parte del mundo actual se sustenta en la competencia. Desde que nacimos escuchamos que debemos llegar lejos y ser “los mejores”. Pasando a lo largo de nuestra educación nos generan un entorno en que somos comparados y evaluados constantemente lo que genera cierto nivel de rivalidad. Así también sucede en el campo laboral, en aquellas empresas que generan una evaluación laboral se han observado comportamientos de envidia, de engaños e incluso de enfrentamiento con tal de obtener un cargo superior. Como punto adicional, actualmente se asocia tener una habilidad a tener una “competencia”, en la que enfatiza aún más la necesidad de tener que competir para demostrar la capacidad que cada uno posee. Si observamos la definición de competencia, notaremos que siempre nos lleva necesariamente a tener que enfrentar a otros.

En un contraste, si analizamos la definición de virtud hace referencia a una cualidad positiva que deriva en acciones armónicas. ¿Acaso hoy ya no es útil el comportamiento virtuoso? No es casual que este comportamiento requiera lo mejor de cada uno de nosotros a diario y que la única finalidad sea llegar a superarse a sí mismo. Superarse no en la medición del éxito como hoy se mide, sino que en el incremento de la capacidad de razonamiento, de reflexión, de puesta en jaque a los propios supuestos, y como esto se pone a prueba en una práctica constante en la acción.

Este esfuerzo diario en entregar lo mejor de nosotros mismos y que por defecto deriva en un entorno de mayor armonía, podría definirse como un comportamiento virtuoso. Ya no tan sólo esperando una evaluación externa que puede diferir de nuestra propia apreciación, sino en una autoevaluación en la que aumenta nuestro nivel de conciencia y la que entrega las más grandes satisfacciones. Los grandes personajes de la historia eran evaluados constantemente por ellos mismos e iban amoldando una estructura, un pensamiento y una forma de actuar que les permitía aumentar su nivel de comprensión de la realidad en la que estaban insertos.

¿Es posible vincular este comportamiento con la felicidad? Sería bueno analizarlo en otra oportunidad.